Monday, September 29, 2025

A UR O RA

Me encuentro caminando en la ciudad de Oaxaca por una calle desolada del centro. Probablemente sean las 10 de la noche pero afortunadamente la calle aún está iluminada por los locales que aún no cierran. 

He perdido ya la cuenta de los años pero lo que es seguro es que mi vista ya no es confiable, solo puedo percibir manchas amorfas de colores sin poder definir con claridad los objetos a mi alrededor.

Mi caminar es torpe y lento, y con mucha dificultad me sostengo de mi esposa para poder avanzar por la banqueta. Afortunadamente no hay muchos automóviles por la hora así que cruzamos las calles con paciencia.

Por fin logramos llegar al consultorio de una Similares después de mucho preguntar direcciones a los comerciantes que ya se encontraban cerrando sus establecimientos.

Nos sentamos en las dos sillas frente a un humilde escritorio improvisado a modo de recibidor. El consultorio se encuentra iluminado de una forma exagerada por esas lámparas modernas de luz muy blanca que siempre me han resultado fastidiosas en los contextos de lugares del cuidado de la salud.

Frente a nosotros, ella es de tez blanca, rasgos élficos y de nariz muy fina, de lentes, cabello corto a la altura del cuello, lacio y castaño oscuro; está vestida con una bata blanca de profesional de la salud (doctora, o como sea que les digan ahora, pues).

Mi esposa está sentada a un lado de mi, en silencio.

Me dirijo a la mujer y en seguida la confundo con Iris (¿o era "Iridea"?) y le comento que vengo otra vez por el problema de mis ojos, que ya se está volviendo muy molesto.

Me dice que ella es "Aurora", y que su hermana está ocupada en consulta en este momento con otro paciente.

- Pero, usted ya había venido conmigo para que lo ayudara, ¿no lo recuerda?

- No, pero pondré cita con su hermana, no se preocupe.

Me levanto como puedo y le hago una señal a mi esposa de retirarnos.

- Espere, antes de que se vaya. ¿Quiere venir conmigo un momento? Le quiero mostrar una iglesia.

No entiendo realmente qué quiso decir con eso, pero trato nuevamente de levantarme y ella me ayuda tomándome del brazo. Le hago un gesto a mi esposa dándole a entender que no tardaré y que iré rápidamente con la señorita. Sin responder, mi esposa continúa muda y sólo cierra los ojos, como dormitando.

Me lleva caminando a un patio en la parte trasera de la clínica.

Es casi medianoche, el camino a la "iglesia" es de grava, pequeñas piedras blancas que parecen brillar a la luz de la luna, pero al voltear al cielo no logro ubicar a la luna dentro de mi limitado campo de visión. El cielo está casi despejado a excepción de unos solitarios jirones aquí y allá.

Llegamos a un rincón donde se encuentra una pequeña estructura negra de metal a la que no logro hallarle forma, pero que en su centro parece proteger una cajita transparente y dentro logro percibir su contenido: una pequeña piedra ambarina o anaranjada, como una especie de cristal o cuarzo (mis conocimientos en geología son nulos como para poder identificar lo que tengo ante mí).

Me pide que acerque mi mano y que la toque con los dedos.

Cuando me dice esto, lo hace muy cerca de mi cara, casi como si quisiera tener su boca y su cara muy cerca de la mía, y de pronto percibo la excitación de un momento muy erótico, íntimo y seductoramente sugestivo (despertando en mí una sensación que a mi edad, hacía años que había olvidado por completo).

En un par de segundos, me pierdo inmediatamente en el aroma que despide su cuello y solo pienso en querer besarla, ignorando por completo que mi esposa sigue esperándome en la silla del consultorio. Mantengo el control y me resisto, pero el momento no deja de parecerme deliciosamente seductor como para no haberlo aprovechado.

Recuperando mi dominio y regresando a la petición que me hace, acerco lentamente mi mano derecha al cristal y antes de tocarlo con los dedos siento como de él emana un calor muy extraño e intenso.

Rápidamente ella me dice que no me preocupe, que la toque inmediatamente para que no desperdicie su energía y el poder que me quiere dar. No tengo miedo (durante toda mi vida siempre fui exageradamente escéptico ante este tipo de cosas) pero sí mucha curiosidad por la confianza que me transmite la mujer.


Al instante de haber tocado la piedra, reconozco una sutil pero chistosa corriente eléctrica haciéndome  divertidas cosquillas, recorriendo primero de manera lenta, luego moderada y después acelerándose exponencialmente por mis brazos, tronco, piernas, mi sexo y finalmente subiendo hasta mi cabeza.


En este punto, la sensación intensa de placer ha llegado ya a un nivel orgásmico, imposible de describir con estas vulgares palabras, que se extiende a lo más recóndito del infinito, y he perdido por completo el uso y control de mi razón así como de mi cuerpo, que ya ni siquiera podríamos ubicar en el espacio-tiempo del universo físico conocido.


Sólo percibo y visualizo oscuridad a mi alrededor, un paraíso negro cósmico, he dejado de sentir mi cuerpo, soy sólo conciencia y lo único que distingo en la psicodelia de la vasta oscuridad son destellos de cristales transparentes que aparecen y desaparecen, mientras continúo perdido en el éxtasis orgásmico e infinito del plano vertical astral.


Poco a poco, mi visión empieza a esclarecer, y comienzo a recuperar la movilidad de mi cuerpo físico; mis brazos, mis piernas, mi torso, mi cabeza, y aunque no quiero moverme aún, la sensación de cosquilleo de la corriente eléctrica empieza a desacelerar de manera lenta y poco a poco entiendo que tengo 40 años nuevamente, que me encuentro acostado desnudo en mi cama, que mi esposa Danna (y compañera en esta vida) duerme a mi lado, pero no quiero (¡no debo!) olvidar lo que acaba de suceder; la sensación, su aroma, su cara y sus labios cerca de los míos; me acuerdo y soy completamente consciente de Aurora; comienzo a murmurar su nombre una y otra vez en la cama para no poder olvidarla; mi  joven doctora, mi amante y angel / demonio onírico, la hechicera bruja, succubus y reina de azul que teje mis sueños desde hace siglos (¿milenios?);  mi bella durmiente, ya la había visitado antes cuando estuvimos juntos en Carcosa y la tenía olvidada del plano terrenal por siglos y a través de una infinidad de series de existencias, pero esta vez ha sido diferente, esta vez he podido regresar consciente y con vida y pude recordar su rostro, su nombre, Aurora, Aurora. Aurora.


Siento una paz indescriptible que no había sentido en años en mi vida presente, me siento muy descansado; puedo incluso respirar (¡perfectamente!) por mi nariz y ansío poder cerrar mis ojos, apagar mi mente y regresar con ella al plano astral, pero al mismo tiempo me entra el terror de olvidar la experiencia por completo.

Comienzo a escribirlo todo en mi teléfono.

Son las 11:56 p.m., y apenas han pasado 96 minutos desde el momento en el que calculo perdí la conciencia.

Todo lo que he escrito aquí es real, tal y como ocurrió. Y ahora sé, desde ahora, como ha de terminar mi actual iteración terrenal.

FIN

- Oscar Alejandro




Tuesday, May 20, 2025

B a s o r e x i a (Dulce Obsesión)

 Te he visto.
Te he visto por tanto tiempo.
Tan inmaculada, tan pura y sagrada,
El dulce objeto de mi adoración.
El dulce objeto de mi obsesión.

***

8 meses después...

¿ Quieres que nos quedemos un ratito más ?

Las palabras quedaban atragantadas y las lágrimas se negaban a salir, estancadas en un mutismo de boca y ojos, y donde el único sonido que O. producía era del su respiración forzada y de su corazón bombeando de manera frenética, irregular y agitada.

¿ Quieres llorar ? Llora. Me quedo un rato más contigo.

O. asintió y se disculpó con I.

- No te disculpes. Siento que esto es en parte responsabilidad mía.

- Aún no puedo creer que de verdad haya acabado.

- Yo ya te había dicho que había acabado.

- Tienes razón, sí lo hiciste. Supongo que aún no lo he asimilado entonces.

O. no aguantó más y la envolvió en un abrazo premeditado y tramposo que buscó sus ansiados labios y la llenó de interminables besos que I. no tuvo más opción que recibir con tal de darle término (¡ una vez más!) a toda esta situación de una vez por todas.

***

Cierra tus ojos.
Besa mis labios.
Deja que el calor de nuestro amor.
Llene tu ser. 
Para volver.
A sentir este amor.
Una vez más.

***

Sutilmente, O. deslizó su mano por uno de los muslos de I., llevado por un deseo momentáneo de provocarla más de lo que le habían permitido. Sin embargo, su sentido común y de verguenza impidió que se humillara aún más.

- Quiero pedirte que no vengas por mí de nuevo. A pesar de que sí quiero que lo vuelvas a hacer. 

- Te entiendo. Sé perfectamente lo que sientes y se siente horrible. Eso haremos.

***

Estamos cerca del amanecer, que nos roba nuestra luz, nos deja oscuridad en un recuerdo frío en esta eternidad. 

***

Aún tuvo la osadía de arrebatar un último beso antes de abrir la puerta del copiloto, y de volver a sentir esas manos de piel morena clara, y de hundirse en el dulce olor de su cabello castaño, el más lacio que O. jamás había tenido la oportunidad de llenar sus pulmones con su aroma.

Era un adiós a todos aquellos meses de risas, intercambio de besos y de juegos de adrenalina, y que como un Koi No Yokan inverso, siempre habían tenido una fecha de expiración que tanto O. como I. desconocían; pero que sólo uno de ellos, consumido por un deseo insatisfecho y una ansiedad que lo había acompañado toda su vida, se había negado a aceptar.

***

Este amor, es dolor, y a veces nos lastimará.
Estamos tan sólo cambiando nuestro amor por algo más.

***

https://open.spotify.com/track/5zchDDXO6nU7gY0Fqv75CS?si=08d0d4a6d0ed4c40

https://drive.google.com/file/d/14jfH6nUOQSPMqV300U8j8aAMKkIab-PG/view?usp=sharing

https://drive.google.com/file/d/14v4ke6Z769p3g5_Bw_7dKAzy5kGaDQm9/view?usp=drivesdk