Monday, September 29, 2025

A UR O RA

Me encuentro caminando en la ciudad de Oaxaca por una calle desolada del centro. Probablemente sean las 10 de la noche pero afortunadamente la calle aún está iluminada por los locales que aún no cierran. 

He perdido ya la cuenta de los años pero lo que es seguro es que mi vista ya no es confiable, solo puedo percibir manchas amorfas de colores sin poder definir con claridad los objetos a mi alrededor.

Mi caminar es torpe y lento, y con mucha dificultad me sostengo de mi esposa para poder avanzar por la banqueta. Afortunadamente no hay muchos automóviles por la hora así que cruzamos las calles con paciencia.

Por fin logramos llegar al consultorio de una Similares después de mucho preguntar direcciones a los comerciantes que ya se encontraban cerrando sus establecimientos.

Nos sentamos en las dos sillas frente a un humilde escritorio improvisado a modo de recibidor. El consultorio se encuentra iluminado de una forma exagerada por esas lámparas modernas de luz muy blanca que siempre me han resultado fastidiosas en los contextos de lugares del cuidado de la salud.

Frente a nosotros, ella es de tez blanca, rasgos élficos y de nariz muy fina, de lentes, cabello corto a la altura del cuello, lacio y castaño oscuro; está vestida con una bata blanca de profesional de la salud (doctora, o como sea que les digan ahora, pues).

Mi esposa está sentada a un lado de mi, en silencio.

Me dirijo a la mujer y en seguida la confundo con Iris (¿o era "Iridea"?) y le comento que vengo otra vez por el problema de mis ojos, que ya se está volviendo muy molesto.

Me dice que ella es "Aurora", y que su hermana está ocupada en consulta en este momento con otro paciente.

- Pero, usted ya había venido conmigo para que lo ayudara, ¿no lo recuerda?

- No, pero pondré cita con su hermana, no se preocupe.

Me levanto como puedo y le hago una señal a mi esposa de retirarnos.

- Espere, antes de que se vaya. ¿Quiere venir conmigo un momento? Le quiero mostrar una iglesia.

No entiendo realmente qué quiso decir con eso, pero trato nuevamente de levantarme y ella me ayuda tomándome del brazo. Le hago un gesto a mi esposa dándole a entender que no tardaré y que iré rápidamente con la señorita. Sin responder, mi esposa continúa muda y sólo cierra los ojos, como dormitando.

Me lleva caminando a un patio en la parte trasera de la clínica.

Es casi medianoche, el camino a la "iglesia" es de grava, pequeñas piedras blancas que parecen brillar a la luz de la luna, pero al voltear al cielo no logro ubicar a la luna dentro de mi limitado campo de visión. El cielo está casi despejado a excepción de unos solitarios jirones aquí y allá.

Llegamos a un rincón donde se encuentra una pequeña estructura negra de metal a la que no logro hallarle forma, pero que en su centro parece proteger una cajita transparente y dentro logro percibir su contenido: una pequeña piedra ambarina o anaranjada, como una especie de cristal o cuarzo (mis conocimientos en geología son nulos como para poder identificar lo que tengo ante mí).

Me pide que acerque mi mano y que la toque con los dedos.

Cuando me dice esto, lo hace muy cerca de mi cara, casi como si quisiera tener su boca y su cara muy cerca de la mía, y de pronto percibo la excitación de un momento muy erótico, íntimo y seductoramente sugestivo (despertando en mí una sensación que a mi edad, hacía años que había olvidado por completo).

En un par de segundos, me pierdo inmediatamente en el aroma que despide su cuello y solo pienso en querer besarla, ignorando por completo que mi esposa sigue esperándome en la silla del consultorio. Mantengo el control y me resisto, pero el momento no deja de parecerme deliciosamente seductor como para no haberlo aprovechado.

Recuperando mi dominio y regresando a la petición que me hace, acerco lentamente mi mano derecha al cristal y antes de tocarlo con los dedos siento como de él emana un calor muy extraño e intenso.

Rápidamente ella me dice que no me preocupe, que la toque inmediatamente para que no desperdicie su energía y el poder que me quiere dar. No tengo miedo (durante toda mi vida siempre fui exageradamente escéptico ante este tipo de cosas) pero sí mucha curiosidad por la confianza que me transmite la mujer.


Al instante de haber tocado la piedra, reconozco una sutil pero chistosa corriente eléctrica haciéndome  divertidas cosquillas, recorriendo primero de manera lenta, luego moderada y después acelerándose exponencialmente por mis brazos, tronco, piernas, mi sexo y finalmente subiendo hasta mi cabeza.


En este punto, la sensación intensa de placer ha llegado ya a un nivel orgásmico, imposible de describir con estas vulgares palabras, que se extiende a lo más recóndito del infinito, y he perdido por completo el uso y control de mi razón así como de mi cuerpo, que ya ni siquiera podríamos ubicar en el espacio-tiempo del universo físico conocido.


Sólo percibo y visualizo oscuridad a mi alrededor, un paraíso negro cósmico, he dejado de sentir mi cuerpo, soy sólo conciencia y lo único que distingo en la psicodelia de la vasta oscuridad son destellos de cristales transparentes que aparecen y desaparecen, mientras continúo perdido en el éxtasis orgásmico e infinito del plano vertical astral.


Poco a poco, mi visión empieza a esclarecer, y comienzo a recuperar la movilidad de mi cuerpo físico; mis brazos, mis piernas, mi torso, mi cabeza, y aunque no quiero moverme aún, la sensación de cosquilleo de la corriente eléctrica empieza a desacelerar de manera lenta y poco a poco entiendo que tengo 40 años nuevamente, que me encuentro acostado desnudo en mi cama, que mi esposa Danna (y compañera en esta vida) duerme a mi lado, pero no quiero (¡no debo!) olvidar lo que acaba de suceder; la sensación, su aroma, su cara y sus labios cerca de los míos; me acuerdo y soy completamente consciente de Aurora; comienzo a murmurar su nombre una y otra vez en la cama para no poder olvidarla; mi  joven doctora, mi amante y angel / demonio onírico, la hechicera bruja, succubus y reina de azul que teje mis sueños desde hace siglos (¿milenios?);  mi bella durmiente, ya la había visitado antes cuando estuvimos juntos en Carcosa y la tenía olvidada del plano terrenal por siglos y a través de una infinidad de series de existencias, pero esta vez ha sido diferente, esta vez he podido regresar consciente y con vida y pude recordar su rostro, su nombre, Aurora, Aurora. Aurora.


Siento una paz indescriptible que no había sentido en años en mi vida presente, me siento muy descansado; puedo incluso respirar (¡perfectamente!) por mi nariz y ansío poder cerrar mis ojos, apagar mi mente y regresar con ella al plano astral, pero al mismo tiempo me entra el terror de olvidar la experiencia por completo.

Comienzo a escribirlo todo en mi teléfono.

Son las 11:56 p.m., y apenas han pasado 96 minutos desde el momento en el que calculo perdí la conciencia.

Todo lo que he escrito aquí es real, tal y como ocurrió. Y ahora sé, desde ahora, como ha de terminar mi actual iteración terrenal.

FIN

- Oscar Alejandro




Tuesday, May 20, 2025

B a s o r e x i a (Dulce Obsesión)

 Te he visto.
Te he visto por tanto tiempo.
Tan inmaculada, tan pura y sagrada,
El dulce objeto de mi adoración.
El dulce objeto de mi obsesión.

***

8 meses después...

¿ Quieres que nos quedemos un ratito más ?

Las palabras quedaban atragantadas y las lágrimas se negaban a salir, estancadas en un mutismo de boca y ojos, y donde el único sonido que O. producía era del su respiración forzada y de su corazón bombeando de manera frenética, irregular y agitada.

¿ Quieres llorar ? Llora. Me quedo un rato más contigo.

O. asintió y se disculpó con I.

- No te disculpes. Siento que esto es en parte responsabilidad mía.

- Aún no puedo creer que de verdad haya acabado.

- Yo ya te había dicho que había acabado.

- Tienes razón, sí lo hiciste. Supongo que aún no lo he asimilado entonces.

O. no aguantó más y la envolvió en un abrazo premeditado y tramposo que buscó sus ansiados labios y la llenó de interminables besos que I. no tuvo más opción que recibir con tal de darle término (¡ una vez más!) a toda esta situación de una vez por todas.

***

Cierra tus ojos.
Besa mis labios.
Deja que el calor de nuestro amor.
Llene tu ser. 
Para volver.
A sentir este amor.
Una vez más.

***

Sutilmente, O. deslizó su mano por uno de los muslos de I., llevado por un deseo momentáneo de provocarla más de lo que le habían permitido. Sin embargo, su sentido común y de verguenza impidió que se humillara aún más.

- Quiero pedirte que no vengas por mí de nuevo. A pesar de que sí quiero que lo vuelvas a hacer. 

- Te entiendo. Sé perfectamente lo que sientes y se siente horrible. Eso haremos.

***

Estamos cerca del amanecer, que nos roba nuestra luz, nos deja oscuridad en un recuerdo frío en esta eternidad. 

***

Aún tuvo la osadía de arrebatar un último beso antes de abrir la puerta del copiloto, y de volver a sentir esas manos de piel morena clara, y de hundirse en el dulce olor de su cabello castaño, el más lacio que O. jamás había tenido la oportunidad de llenar sus pulmones con su aroma.

Era un adiós a todos aquellos meses de risas, intercambio de besos y de juegos de adrenalina, y que como un Koi No Yokan inverso, siempre habían tenido una fecha de expiración que tanto O. como I. desconocían; pero que sólo uno de ellos, consumido por un deseo insatisfecho y una ansiedad que lo había acompañado toda su vida, se había negado a aceptar.

***

Este amor, es dolor, y a veces nos lastimará.
Estamos tan sólo cambiando nuestro amor por algo más.

***

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Friday, November 22, 2024

B a s o r e x i a (Koi No Yokan)

- ¿Siempre eres así de nostálgico cuando te despides?

O. no se había dado cuenta que durante el abrazo había pasado su mano izquierda por debajo de la chamarra de I., tomándola de la cintura, y que los dedos de su mano derecha habían acariciado sutilmente sus castaños mechones lacios, al tiempo que su nariz absorbía el dulce aroma que se desprendía del espacio entre su nuca y su cabello.

Una intensa basorexia se había acumulado en su interior desde hacía horas al haber estado conversando con I. en contacto muy cercano en aquel lugar lleno de luces y música, y era el momento de despedirse. El frío y el alcohol sólo hacían más intensas las ganas de sentir el calor corporal y los labios (recién retocados) de su compañera.

O. no respondió, y apenado por la pregunta, se limitó a sonreír y a despedirse con una mirada encajada que duró todo el instante que le tomó retirarse a su carro. Encendió el motor y por un momento pensó en adelantarse y huir rápidamente de la escena a su lugar seguro; casi de inmediato, un vacío en su pecho lo hizo arrepentirse y esperar a que el automóvil de I. arrancara.

- ¿Vas a seguirme? Te lo permito.

Nuevamente, nervioso, O. no supo cómo interpretar la pregunta y se limitó a contestar un débil (y patético) "Tal vez".

Durante el camino, O. ignoró los distintos momentos en los que se preguntaba qué era lo que estaba haciendo exactamente y qué resultado esperaba (o si siquiera existía alguno). Aún procesando la despedida-no-despedida que había tomado lugar momentos antes, se convenció del hecho de que lo único que buscaba era no perderla de vista; lograr tenerla dentro de su campo de visión un poco más.

Un sentimiento inesperado hizo que O. revisara su dispositivo. Un mensaje le esperaba.

- ¿Qué estás haciendo O.? 

- Te sigo.

Al llegar a su destino, I. bajó de su carro; O. no lo hizo y se mantuvo dentro del suyo con el motor aún encendido. Estaba completamente paralizado; el tiempo se le había agotado y con ello el pensar en cualquier acción siguiente ahora que su misión (si se le puede llamar así a un acto irracional completamente impulsivo) había terminado.

Para ser completamente justos, I. parecía tampoco tener idea de qué era lo que seguía; pero a diferencia de O., mantuvo el control total de la situación con la calma y la frescura que le caracterizaban y que tanto fascinaba a O.

I. acercó su rostro a la ventana del piloto, y por un pequeño momento estuvo a punto de rozar la boca de O. Casi de manera automática, en un gesto infantil muy instintivo, O. ya había cerrado los párpados para sentir esos dulces labios por primera vez. No fue así. I se apartó de la ventana sonriendo, con un paso cómodo y con cierto aire de victoria.

- Sólo házlo, te lo pido.

- Hoy no será, O.

Monday, August 28, 2023

2 Brujas


I.                  EL CUARTO DE ADORACIÓN. La Princesa y la Bruja.

Danna estaba acostada sobre la cama, completamente relajada, al tiempo que O. la masajeaba lenta y sutilmente por debajo del pantalón.

¿Está todo bien, O?

Sí, ¿no quieres venir a ayudarme? fue la respuesta a L.

Todo ese tiempo L. había estado al borde de la cama, paralizada, sin saber qué decir o qué hacer, limitándose sólo a observar. Sin embargo, la respuesta de O. era la señal que ella había estado esperando para finalmente atacar.

Lo primero que hizo L. fue quitarse el sostén y lanzarse sobre Danna sin pensarlo. Todo ocurrió en un segundo y lo siguiente que O. vio fue como ambas brujas, la rubia y la brunette, se besaban frenéticamente sobre la cama, apaciguando finalmente la intensa basorexia que L. había tenido que resistir por horas esa noche.

O. se había convertido ahora en el observador, paralizado, incapaz de procesar el delicioso espectáculo que se desarrollaba ante sus ojos, de manera que jamás pudo darse cuenta del momento exacto en el que L. hizo la transición para bajar a comerse a Danna.

El ver como su eterna ama (que siempre había sido su princesa-bruja pasiva, temerosa y delicada) era el objeto de atracción de L. y era devorada por ella sin ningún perdón, hizo que los deseos más intensos de poseer a la brunette, la bella reina-bruja, despertaran en él y al fin se decidiera a tocar y sentir a L. Ésta última se encontraba completamente perdida adorando a la rubia princesa.

Danna, extasiada, terminó.

¿Te puedo comer ahora yo? Pidió O.

Por supuesto. contestó L.

O. comió sin parar por un largo rato y la bruja brunette parecía disfrutar cada movimiento de su lengua; mientras Danna, la rubia princesa de almohada, descansaba plácidamente a un lado de sus amantes.

¿Danna, es en serio? ¿Esto es real? Preguntó de manera retórica L., al momento que Danna, aburrida de sólo ver a sus 2 amantes ocupados, había decidido sentarse esta vez encima de ella, justo sobre su boca; completando de esta forma un triángulo infinito de placer.

La energía liberada por la fusión de las 3 almas hacía que la iluminación del cuarto de adoración fuera de un rojo intenso.

Hay que dormir.  Pidió Danna.

Lo siento, bella, yo podría seguir aquí horas si se pudiera. expresó L.

Yo prefiero dormir sola. Pero ustedes pueden quedarse en el cuarto y ponerse cómodos.

O. y L. se voltearon a ver sorprendidos, pero cumplieron el deseo de la bruja rubia, y se quedaron acostados charlando acerca de los aspectos extraños de la vida y de los comportamientos humanos, antes de irse a dormir. De acuerdo al reloj digital de la mesita de cama, era cerca de las 4 a.m.

Apaga la luz roja. pidió L. antes de cerrar los ojos.

 

II.                  EL INTERCAMBIO DE CUERPOS.

O. no podía dormir. Había bebido demasiado café y su mente corría a gran velocidad (como siempre le ocurría a esas horas de la madrugada - cuando el mundo estaba en silencio y el tiempo no transcurre).

A su lado, la bella bruja brunette dormía de espaldas, semi-desnuda de la cintura hacia abajo, en completa calma. La rubia le había prestado un camisón para dormir y desde esa perspectiva, había algo extraño en la imagen.

Hasta ese momento, O., no había caído en cuenta en algo. Ambas brujas, aunque con sutiles diferencias, eran en cuerpo esencialmente iguales: en complexión, en tamaño, en su color de piel; en esencia, dos bellas doncellas jóvenes petite. Era imposible no hacer esa comparación.

Un temor crecía en O. con cada momento que pasaba al ver a L. durmiendo junto a él y darse cuenta de esta realización. De espaldas, L. era Danna, ¿o Danna era ella?

El corazón de O. se quería salir de su pecho; la sangre bombeaba de una manera violenta y el temor se transformó en el deseo irresistible de sacar a la bruja-reina de su estado de ensueño para poseerla.

O. se debatió por largo rato en si debía tocarla sin tener su consentimiento explícito y tomando en cuenta que la bruja reina viajaba en esos momentos por el plano vertical astral. Finalmente, cualquier esfuerzo por detenerse fue inútil; sus manos empezaron a recorrer la parte baja de L. al tiempo que besaba su cuello y aspiraba el dulce aroma de sus feromonas.

¿Puedo entrar en ti?

¿Estamos protegidos?

Había obtenido la bendición (consentimiento) de la bruja. El siguiente acto fue definitivo. O. se deshizo de las bragas de L. y decidió hacer un experimento mental. Haría exactamente el mismo acto que acostumbraba a hacer con Danna, paso por paso.

O. embistió y poseyó a la bruja y la impresión casi inmediata fue deliciosamente devastadora. L. no sólo respondió de manera natural y orgánica a cada movimiento (en contraste con la acostumbrada pasividad de su princesa), señal de que disfrutaba cada embestida, sino que sus ojos en blanco parecían sugerir que continuaba conectada a su plano mágico astral en un trance de ensueño. 

L. era para él, como un succubus encarnado.

La adrenalina de saber que la bruja rubia dormía profundamente en el cuarto contiguo sólo intensificaba la experiencia mágica en la hora de las brujas, justo antes del amanecer.

El creciente calor lubricaba cada roce de los cuerpos; L acostada y O. de pie al borde de la cama, continuaron por un tiempo indefinido conectados. O. disfrutaba de acariciar los pequeños y suaves pechos de L. mientras permanecía conectado a ella. 

O. no quería terminar nunca.

De repente, mientras volvía a comer de su delicioso vientre, O. tuvo de nuevo la misma realización que antes, sólo que con mayor intensidad. No podía discernir entre el cuerpo de L. y el de Danna: ambos eran pequeños, de piel suave, y blancos como la leche. Sin embargo, no podía ser su princesa de almohada, pues lo que estaba experimentando no era para nada la pasividad esperada de todos los días.

Fue en ese momento, que la transferencia se hizo completa. El intercambio de cuerpos se había consumado, y ya no había vuelta atrás.

Un ruido exterior interrumpió la experiencia y el miedo de ser descubiertos se hizo presente. Al cabo de unos minutos de silencio, el miedo se desvaneció.

¿No terminaste?

No. ¿Me ayudas otra vez?

Todo terminó y los primeros rayos de sol se colaban por las cortinas.

Que tengas buenos días.


FIN

- Oscar Alejandro 

Monday, May 27, 2019

(6) Dana.


Los ojos de ambos estaban completamente abiertos, los parpadeos muy distantes; sus miradas entrelazadas reflejaban el rostro de éxtasis del otro. El trance los mantenía suspendidos en el tiempo, de tal forma que ningún ruido proveniente del exterior podía despertarlos del mismo.

Sus cuerpos continuaban moviéndose casi de manera mecánica, pero suave y en sincronía a la vez, como si juntos formaran una sola máquina que se encontrara trabajando a su máxima potencia.

Habían pasado poco más de 3 días desde el ritual en el que su tercer ojo había despertado y las reglas habían sido muy claras: no debía ocurrir ningún intercambio de cuerpos menos de una semana antes o después del ritual, para evitar nublar la conciencia y permitir que el conocimiento adquirido por la experiencia pudiera ser digerido de manera más orgánica.

Sin embargo, esto no era un mero intercambio de cuerpos.

Esto era diferente, y él había obtenido el permiso explícito de los Dioses.

La luz cegadora y cristalina de las 3 de la tarde iluminaba por completo el cuarto y volvía los colores y los brillos más nítidos de lo normal; el rostro de Dana, normalmente blanco como la leche, se enrojecía en sus mejillas debido a la evidente excitación corporal, y junto con el brillo de los rizos de su largo cabello negro azulado, parecía una hermosa Diosa Venus desnuda entregándose incondicionalmente a un hombre imperfecto y mortal.

Para él, había descubierto que ella era un ser de luz, y esto era un hecho que ella ignoraba.

En el trance, él se encontraba perdidamente fascinado en el universo de galaxias que se formaba y daba vueltas en el iris color aceituna de los ojos de Dana, al tiempo que su alma se adentraba a través del hoyo negro de sus pupilas. A ella le ocurría lo mismo: de esta manera, ambas almas formaban un ciclo infinito y continuo que mantenía a la máquina de la vida en funcionamiento.

Dentro de un lapso de 72 horas, Dana quedaría embarazada.

49 días después, como bien se encuentra documentado en el conocido Bardo Thodol (o Libro Tibetano de los Muertos, como comúnmente se le conoce), un alma renovada comenzaría a habitar el vientre de su nueva madre.

- Oscar Alejandro



Friday, May 10, 2019

DMT. (1) El Cuarto de Espera

Cerré mis ojos, y la oscuridad se hizo presente.

La musica y la melodía comenzaban en momentos a diluirse y expanderse de formas que jamás en mi vida había experimentado, y el efecto acústico me pareció muy curioso.

Realicé una prueba e intenté mover mi cabeza suavemente de un lado hacia el otro, pero me costaba trabajo distinguir si realmente la estaba moviendo o solo se movía mi campo de visión en el espacio tan obscuro.

De pronto, pequeños destellos de luces comenzaron a llenar de manera aleatoria el espacio obscuro. Pequeñas llamas graciosas de tonos amarillo, verde, rojo y azul bailaban de aquí para allá, como un preludio de lo que me esperaba. Me recordó a los screensavers de las primeras computadoras con monitores a color, sólo que en 4 dimensiones, aunque tal comparación es realmente vulgar.

"El cuarto de espera", pensé. "Había leído sobre esto".

Comenzaron a sonar los tañidos de los gongs tibetanos y los cánticos "mantra" de los monjes, y extrañas figuras geométricas se materializaron dentro de mi campo de visión, acompañando a las llamas de colores. Sentía a la vez una paz interior indescriptible, mezclada con expectativa de qué era lo que podía venir después. Era esto el Nirvana budista? Así se siente antes de morir?

Súbitamente, sin aviso alguno y sin haberlo podido anticipar, una extraña fuerza tiró violentamente de mi cuello y en fracciones de segundo sentí los efectos de una aceleración que jamás volveré a sentir en mi vida. En paralelo, los mantras budistas se habían transformado de manera transparente, en cantos de "Amén" gregorianos.

La primera imagen en materializarse fue la de un Buda, seguida de la de Krishna. La tercera fue la imagen de Jesús, con su mano derecha alzada y su dedo pulgar e indice unidos, como lo representan usualmente en las pinturas renacentistas.

Mi cuerpo seguía en mi lugar, en posición de meditación, con mis 2 ojos frontales bien cerrados, pero a través de mi tercer ojo bien abierto, mi espíritu había viajado dimensiones completas a través del hiperespacio.

Me encontraba en el palacio sagrado, y los dioses ya me habían bendecido con su bienvenida. No había manera alguna de volver. La experiencia estaba por empezar..

Oscar Alejandro

Thursday, April 25, 2019

El Rostro de la Reina de Azul


El Rostro de la Reina de Azul


1.     PASADO


Se dice que en algún lugar del inmenso bosque de lo que antiguamente fue la civilización de Carcosa, existe el llamado “lago de las 2 lunas”, donde flota suspendida la Reina de Azul.

El lago jamás ha podido ser localizado, a pesar de los esfuerzos de miles de curiosos que año con año realizan sus expediciones al bosque.

Se cuenta también que justo antes de que ocurriera la catástrofe que causó la destrucción y caída de Carcosa, antes de morir, el Rey redactó un manuscrito que contendría los secretos que en sus últimos días lo llevaron a cometer las acciones que finalmente provocaron la causa de sus desgracias así como la caída de su imperio.

Como el lago, jamás se ha podido verificar la existencia de dicho manuscrito, sin embargo sí existen fuentes documentadas de siglos pasados de personas que aseguran haber leído la primera (de 3 partes) del mismo.

Sin revelar ningún detalle, todos estos testimonios han coincidido en que la primera parte revela con gran exactitud la serie de eventos y de incidentes que llevaron al Rey de Carcosa a “hacer lo que hizo” con la Reina de Azul, y a “abandonarla como lo hizo” en el lago de las 2 lunas.

Al parecer, una revelación al final de la primera parte evitó que todos ellos continuaran con la lectura de la siguiente, contribuyendo de esta forma aún más al misterio y a la fantasía que rodea a este mito popular.


2.     PRESENTE


No sé cuántos días o semanas han transcurrido desde que me adentré en las profundidades del lago, después de haber seguido al pie de la letra las instrucciones precisas de cómo había que recorrer el bosque para finalmente encontrarlo.

Como el mío, puedo ver a mi alrededor decenas de cuerpos yaciendo en las profundidades, sus pulmones completamente llenos por las aguas. Me acerco a la superficie y puedo notar como soy capaz de flotar suspendido sin realizar esfuerzo alguno.

No tan lejos, vislumbro una luz azul que ilumina toda la extensión del lago, y una pequeña luna estática justo encima de su cabeza.

Puedo empezar a apreciar su silueta blanca desnuda, sus dos brazos extendidos hacia los lados, su pierna derecha doblada apoyada sobre su pierna izquierda extendida, formando un triángulo (tal y como estaba descrito en la segunda parte).

Su rostro no es visible debido a su largo y lacio cabello negro azulado que cubre su cabeza agachada, bajando hasta sus piernas, y cubriendo (convenientemente) sus pechos y su sexo.

Me postro delante de ella y titubeo antes de levantar su cabeza con mis dedos y apartar sus negros cabellos. 

Finalmente, he visto su rostro.


FIN

Por: Oscar Alejandro


Inspirado por “El habitante de Carcosa” de Ambrose Bierce y los relatos de “El Rey de Amarillo” de Robert W. Chambers.