Te he visto por tanto tiempo.
Tan inmaculada, tan pura y sagrada,
El dulce objeto de mi adoración.
El dulce objeto de mi obsesión.
***
8 meses después...
- ¿ Quieres que nos quedemos un ratito más ?
Las palabras quedaban atragantadas y las lágrimas se negaban a salir, estancadas en un mutismo de boca y ojos, y donde el único sonido que O. producía era del su respiración forzada y de su corazón bombeando de manera frenética, irregular y agitada.
- ¿ Quieres llorar ? Llora. Me quedo un rato más contigo.
O. asintió y se disculpó con I.
- No te disculpes. Siento que esto es en parte responsabilidad mía.
- Aún no puedo creer que de verdad haya acabado.
- Yo ya te había dicho que había acabado.
- Tienes razón, sí lo hiciste. Supongo que aún no lo he asimilado entonces.
O. no aguantó más y la envolvió en un abrazo premeditado y tramposo que buscó sus ansiados labios y la llenó de interminables besos que I. no tuvo más opción que recibir con tal de darle término (¡ una vez más!) a toda esta situación de una vez por todas.
***
Besa mis labios.
Deja que el calor de nuestro amor.
Llene tu ser.
Para volver.
A sentir este amor.
Una vez más.
***
Sutilmente, O. deslizó su mano por uno de los muslos de I., llevado por un deseo momentáneo de provocarla más de lo que le habían permitido. Sin embargo, su sentido común y de verguenza impidió que se humillara aún más.
- Quiero pedirte que no vengas por mí de nuevo. A pesar de que sí quiero que lo vuelvas a hacer.
- Te entiendo. Sé perfectamente lo que sientes y se siente horrible. Eso haremos.
***
***
Aún tuvo la osadía de arrebatar un último beso antes de abrir la puerta del copiloto, y de volver a sentir esas manos de piel morena clara, y de hundirse en el dulce olor de su cabello castaño, el más lacio que O. jamás había tenido la oportunidad de llenar sus pulmones con su aroma.
Era un adiós a todos aquellos meses de risas, intercambio de besos y de juegos de adrenalina, y que como un Koi No Yokan inverso, siempre habían tenido una fecha de expiración que tanto O. como I. desconocían; pero que sólo uno de ellos, consumido por un deseo insatisfecho y una ansiedad que lo había acompañado toda su vida, se había negado a aceptar.
***
Estamos tan sólo cambiando nuestro amor por algo más.
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