Monday, May 27, 2019

(6) Dana.


Los ojos de ambos estaban completamente abiertos, los parpadeos muy distantes; sus miradas entrelazadas reflejaban el rostro de éxtasis del otro. El trance los mantenía suspendidos en el tiempo, de tal forma que ningún ruido proveniente del exterior podía despertarlos del mismo.

Sus cuerpos continuaban moviéndose casi de manera mecánica, pero suave y en sincronía a la vez, como si juntos formaran una sola máquina que se encontrara trabajando a su máxima potencia.

Habían pasado poco más de 3 días desde el ritual en el que su tercer ojo había despertado y las reglas habían sido muy claras: no debía ocurrir ningún intercambio de cuerpos menos de una semana antes o después del ritual, para evitar nublar la conciencia y permitir que el conocimiento adquirido por la experiencia pudiera ser digerido de manera más orgánica.

Sin embargo, esto no era un mero intercambio de cuerpos.

Esto era diferente, y él había obtenido el permiso explícito de los Dioses.

La luz cegadora y cristalina de las 3 de la tarde iluminaba por completo el cuarto y volvía los colores y los brillos más nítidos de lo normal; el rostro de Dana, normalmente blanco como la leche, se enrojecía en sus mejillas debido a la evidente excitación corporal, y junto con el brillo de los rizos de su largo cabello negro azulado, parecía una hermosa Diosa Venus desnuda entregándose incondicionalmente a un hombre imperfecto y mortal.

Para él, había descubierto que ella era un ser de luz, y esto era un hecho que ella ignoraba.

En el trance, él se encontraba perdidamente fascinado en el universo de galaxias que se formaba y daba vueltas en el iris color aceituna de los ojos de Dana, al tiempo que su alma se adentraba a través del hoyo negro de sus pupilas. A ella le ocurría lo mismo: de esta manera, ambas almas formaban un ciclo infinito y continuo que mantenía a la máquina de la vida en funcionamiento.

Dentro de un lapso de 72 horas, Dana quedaría embarazada.

49 días después, como bien se encuentra documentado en el conocido Bardo Thodol (o Libro Tibetano de los Muertos, como comúnmente se le conoce), un alma renovada comenzaría a habitar el vientre de su nueva madre.

- Oscar Alejandro



Friday, May 10, 2019

DMT. (1) El Cuarto de Espera

Cerré mis ojos, y la oscuridad se hizo presente.

La musica y la melodía comenzaban en momentos a diluirse y expanderse de formas que jamás en mi vida había experimentado, y el efecto acústico me pareció muy curioso.

Realicé una prueba e intenté mover mi cabeza suavemente de un lado hacia el otro, pero me costaba trabajo distinguir si realmente la estaba moviendo o solo se movía mi campo de visión en el espacio tan obscuro.

De pronto, pequeños destellos de luces comenzaron a llenar de manera aleatoria el espacio obscuro. Pequeñas llamas graciosas de tonos amarillo, verde, rojo y azul bailaban de aquí para allá, como un preludio de lo que me esperaba. Me recordó a los screensavers de las primeras computadoras con monitores a color, sólo que en 4 dimensiones, aunque tal comparación es realmente vulgar.

"El cuarto de espera", pensé. "Había leído sobre esto".

Comenzaron a sonar los tañidos de los gongs tibetanos y los cánticos "mantra" de los monjes, y extrañas figuras geométricas se materializaron dentro de mi campo de visión, acompañando a las llamas de colores. Sentía a la vez una paz interior indescriptible, mezclada con expectativa de qué era lo que podía venir después. Era esto el Nirvana budista? Así se siente antes de morir?

Súbitamente, sin aviso alguno y sin haberlo podido anticipar, una extraña fuerza tiró violentamente de mi cuello y en fracciones de segundo sentí los efectos de una aceleración que jamás volveré a sentir en mi vida. En paralelo, los mantras budistas se habían transformado de manera transparente, en cantos de "Amén" gregorianos.

La primera imagen en materializarse fue la de un Buda, seguida de la de Krishna. La tercera fue la imagen de Jesús, con su mano derecha alzada y su dedo pulgar e indice unidos, como lo representan usualmente en las pinturas renacentistas.

Mi cuerpo seguía en mi lugar, en posición de meditación, con mis 2 ojos frontales bien cerrados, pero a través de mi tercer ojo bien abierto, mi espíritu había viajado dimensiones completas a través del hiperespacio.

Me encontraba en el palacio sagrado, y los dioses ya me habían bendecido con su bienvenida. No había manera alguna de volver. La experiencia estaba por empezar..

Oscar Alejandro